Estado del Tiempo
ciudad de Córdoba


Viva Córdoba
Córdoba que se enamora
y que escribe en las paredes
Córdoba que se nos cae
Córdoba que se levanta
viva Córdoba
Córdoba que se la aguanta.


Jerónimo Luis de Cabrera



Provincia de Córdoba


Cancionero II
Caballero de ley (vals criollo)

Calle 9 de Julio esquina Rivera Indarte,
corazón elegante de mi docta ciudad
donde late la vida al compás de los gritos
de un lustrín y los versos del cieguito cantor. [ Ver más ]





Intimidades de gigantes

  "...refulgencias de todos los colores, brillos y matices que inundaban los ojos..." 
  
( Del joven escritor cordobés Alejandro Bustos Vivas.)

Aquel hombre extranjero de hablar enredado llegó a la zona y ocupó una propiedad que había adquirido recientemente, en el pueblo próximo al que se dirigió para comprar vituallas, los comerciantes con los que trató le preguntaron de donde era oriundo
Soy alemán y vinimos a vivir aquí a Córdoba por el asma que padece mi esposa, somos los dos y nuestra pequeña hija
– ¿Y a que se dedica usted?
– Soy dentista.
–Aquí no le faltarán clientes – afirmó el dueño del almacén de ramos generales.
–No, no voy a vivir aquí, solo vendré esporádicamente ya que la familia y mi trabajo están en Córdoba ciudad – explicó el alemán con su castellano difícil.
–No importa donde viva, aquí la gente lo buscará cuando la muelas o los dientes no les den vida, por los dolores.
– Hmmm. – expresó el alemán, como queriendo dar por terminada la conversación a la que no le daba ninguna importancia, ya que por lo que le habían dicho sobre las costumbres de los habitantes de aquellos parajes, el médico era una persona casi extraña en sus vidas, los partos los atendía la comadrona y las enfermedades, las yuyeras de la zona.

Pasó el tiempo y en un fin de semana que el alemán llegó en medio de una fuerte nevada entró lo mas apresurado posible al interior de la vivienda para encender el fuego de la chimenea y calentarse; estaba en ese menester cuando sintió que lo llamaban desde el exterior con gritos que se sobreponían a los silbidos que producía la tormenta, abrió la puerta y con voz en cuello invitó a pasar al que gritaba.
– ¿Hombre, que lo trae por aquí con una tormenta como ésta?

El recién llegado venía con sombrero de ala ancha que estaba cubierto de nieve congelada y el cuerpo envuelto en un poncho que lo cubría desde debajo de los ojos hasta la mitad de la pierna, se lo quitó y lo sacudió haciéndole saltar la nieve dejada por el viento blanco sobre su cuerpo, entró y el alemán observándole el rostro que cubierto por una tupida barba mostraba una perdida notable de la simetría facial se percató del motivo que lo traía a su casa, lo hizo sentar al frente de la estufa y a la luz que proyectaba ésta, lo observó más detenidamente, vestía una camisa de algodón, bombachas, botas y una faja de lana que a modo de cinturón ceñía un gran facón a la espalda.
–¿Desde cuando tiene la cara hinchada así? – preguntó al recién llegado con su mejor castellano
– ¿Hace varios días?
– ¿No lo ha visto ningún médico?
–No – respondió moviendo la cabeza negativamente
–Abra la boca para poder revisarlo
Así lo hizo el enfermo y acercándole una lámpara de carburo para ver con más claridad el rostro, el alemán le observó detenidamente la boca.
–Tiene usted una gran inflamación e infección en una muela
– ¿Me la puede sacar?– preguntó hablando guturalmente
–Solo drenándole el flemón y si disminuye la inflamación trataría de extraérsela, pero eso nos llevará toda la noche y le dolerá mucho.
–¡Hágalo! – alcanzó a afirmar guturalmente el paciente
Se retiró el alemán de su lado apoyó la lámpara sobre la mesa y evaluó la potencial evolución si se la extraía o si esperaba hasta poder llevarlo a un lugar donde le pudieran brindar una mejor calidad de atención al paciente, dudo un momento en su interior y acercándose le dijo imperativamente
– ¡Déme el facón!
El hombre agrandó los ojos y pasando la mano atrás de su cintura extrajo el facón envainado y se lo extendió al alemán, éste lo tomó entre sus manos y lo puso sobre el techo del trinchante que ubicado en la cocina-comedor de diario guardaba la loza y cristalería de la casa, lejos de los ojos de su dueño.

–Iré hasta el auto a buscar lo que nesecito, ya regreso – dijo al paciente y envolviéndose en su capote salió en dirección al Ford “A”, buscó su maletín en el asiento trasero y retornó al interior, allí comprobó que al no haber podido bajar su instrumental y medicinas a las que llevaba siempre consigo a todos lados se habían cubierto de hielo a pesar de estar protegido por la capota de lona y el maletín de grueso cuero, aproximó el maletín a la estufa y poniéndole más leña le dijo al paciente.
–Abra que esperar que se descongele para poder abrirlo, prepárese que la noche será larga y trataré que sea lo menos dolorosa posible.
Cuando se descongeló el maletín, extrajo el instrumental y medicinas, en la “Istillar” puso a hervir una jofaina con el instrumental. Mientras se esterilizaba buscó todas las lámparas de carburo que encontró disponibles y las encendió, cuando creyó que estaba esterilizado y con suficientes paños que servirían de gasas para limpiar el campo operatorio, procedió a inyectarle morfina
–Es anestésico – aclaró al paciente – pero le dolerá lo mismo así que aguántese, el dolor y trate de no moverse.

Movió la cabeza afirmativamente el paciente y a la orden del alemán abrió su boca, introdujo éste la jeringa para anestesiar el campo operatorio, esperó unos minutos y cuando se relajó el rostro, aplicó la broca y estalló el flemón de pus, poco a poco los paños sanguinolentos eran arrojados a un balde, cuando observó que el rostro se volvía a contracturar inoculó nuevamente anestésico, horas después pudo aplicar el extractor y sacar hasta la raíz de la pieza dental, aplicó sulfa sobre la herida y la suturó, el amanecer había llegado hacía largo tiempo cuando finalizó, lo llevó a su cama y lo recostó sentándosele al lado de la misma mientras le tomaba el pulso, cuando creía necesario hacerlo. El paciente dormitaba, poco a poco la anestesia fue dando lugar a la sensibilidad y el paciente empezó a sentir el alivio de la tortura del dolor, cuarenta y ocho horas después, el alemán le preparó un caldo que al paciente le pareció un elíxir de los dioses.
– ¿Cómo se llama usted? – le preguntó el alemán cuando el hombre pudo articular palabra.
–Olegario.
–Bien Olegario, ya puede volver a su casa y en quince días yo vendré nuevamente, así que venga a verme para ver como está su boca.
Lo acompañó a la puerta y cuando estaba despidiéndole con un fuerte apretón de manos, se acordó del facón...
–Un momento, que se olvida de algo que le pertenece – dijo al tiempo que se volvía al interior de la casa a traerlo – esto es suyo.
–Yo creía que me lo pedía para cobrarse por adelantado por si me moría – se sinceró Olegario
–Al contrario el que podía morir era yo si la infección no permitía que la morfina le hiciera efecto y usted perdía la razón por el dolor – explicó el alemán.

Regresó Olegario a los quince días y trajo un cordero faenado para el alemán como pago por sus servicios, nació entre ellos una amistad originada en el dolor de las enfermedades de las sierras.
–Lo invito a comer mañana a mi rancho.
– ¿Y como llego hasta allí?
–Descuide yo lo vendré a buscar. ¿Sabe montar acaballo?
–Si
Olegario tenía familia y numerosa por cierto, pero con sus majadas le campeaba a la pobreza, el alemán los atendía odontológicamente y ellos le “pagaban” con panes caseros y algún animal ó facturas de chacinados, pasaron los años y un verano en que el alemán y su familia pasaban sus vacaciones en las sierras, Olegario dijo al alemán
–Aprieta el calor de este verano ¿no?
–Si
– ¿Le gustaría conocer un lugar fresco y de bellos colores?

Levantó la vista el alemán y poniendo la mano como visera miró a lo lejos afirmando
–Veo ante mi bellos colores, pero no lo siento fresco nada más que por las noches.
–No está a la vista, y le aseguro que son mucho más bellos que lo que usted a visto jamás.
–¿Y donde es ese lugar?
–Si me promete que no le contara a nadie le mostrare.
–Prometido – dijo y extendió la diestra para estrechar la de Olegario.
–Mañana al amanecer iré a su casa y lo guiaré, le aseguro que no querrá volver ante tanta belleza.
Al día siguiente Olegario llegó con dos caballos a tiro, uno de ellos con apero y el otro con varios lazos del mejor tiento trenzado que había visto el alemán en toda su vida
–Traiga dos lámparas de carburo –dijo al alemán
– ¿Nada más?
–No
Luego de largas horas de marcha llegaron a un lugar de la sierra y dejando sus cabalgaduras, caminaron unas horas, Olegario no decía nada y el alemán no preguntaba, lo prometido era no contar y tácitamente no preguntar sobre nombres de lugares ni ríos ni valles ni quebradas, así que el silencio los acompaño todo el camino, en un punto dado; Olegario que llevaba la delantera se detuvo y dejando los lazos en el suelo indicó:
–Encienda las lámparas.
Así lo hizo el alemán y Olegario tomando una de ellas le indicó que tomara unos lazos y lo siguiera, casi sin darse cuenta como, se encontró el alemán en el medio de una caverna que primero descendía suavemente pero de golpe caía a pique. A indicación de su guía ataron los lazos e iniciaron el descenso, cuando llegaron al fondo y ante la luz destellante de las lámparas de carburo se presentaron refulgencias de todos los colores, brillos y matices que inundaban los ojos.
El frío era de hielo, ante ellos la acción de las gotas de agua a lo largo de los siglos había creado estalactitas y estalagmitas llenas de óxidos de millones de piedras que a su paso, le daban sus reacciones para crear la belleza que tenían ante si en todo su esplendor.


Alejandro Bustos Vivas
Comentarios: Enviar Comentarios

kaminy dijo...

alejandro ,lindo y simlple este tu cuento ;pero por breve peri'odo conseguiste mostrar un mundo de costumbres .y me mostraste mucho mas que dos personas.
gracias ,muy bueno

28 enero 2012 12:20


pablo dijo...

Que tal...queria saber si existia manera de contactar a Alejandro para concretar una entrevista con el. Es para un trabajo de la facu
23 septiembre 2011 18:55


Antonio Palermo dijo...

-.Entretenido el cuento...! Creo, como escritor; que daría para mas por la característica de los protagonistas.-
08 junio 2011 16:06


Marina dijo...

Excelente relato. Gracias por publicar a escritores de Córdoba


02 febrero 2011 07:09

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