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Córdoba que se nos cae
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viva Córdoba
Córdoba que se la aguanta.


Jerónimo Luis de Cabrera



Provincia de Córdoba


Cancionero II
Caballero de ley (vals criollo)

Calle 9 de Julio esquina Rivera Indarte,
corazón elegante de mi docta ciudad
donde late la vida al compás de los gritos
de un lustrín y los versos del cieguito cantor. [ Ver más ]





Programas radiales

Brizuela, in memorian

  Víctor Brizuela  
Por Horacio López, ex periodista en Deportes de la Voz del Interior

‘Ha quedado el eco rumoroso y entusiasta de la multitud’. Póngale la entonación y la voz de Brizuela, y obtendrá una copia fiel de la identidad de quien hablo.
Haciendo un ejercicio muy fino de mi memoria, quizás una de las primeras veces que lo escuché fue allá por el ‘68. Con mi familia vivíamos en una casona en el Alto de Alta Gracia, donde una vieja radio negra, armada artesanalmente, cumplía una misión comunicadora casi monopólica. Y habrá sido en una de esas tardes de fútbol en domingo, mágicas, candorosas, cuando escuché esa frase del comentarista radial que el paso del tiempo no me pudo borrar: Y quizás, ese eco rumoroso, haya sido, entre otros, después de un gol del ‘flaco’ Del Río, un jugador albiazul en aquellos épicos y ásperos torneos de la Liga Cordobesa de Fútbol.

Es decir que, sin querer, Brizuela pudo plantar alguna semilla para que después germinara mi anhelo de ser cronista deportivo. En mi videoclip personal, Víctor B. se me aparece en varios segmentos: algún domingo lluvioso, en blanco y negro, al borde de la canchita de canal 12, con unos bigotes ‘estilo Cantinflas’, presentando aquel torneo infantil que marcó época en Córdoba. Y claro, también en el dial de LV2, haciendo Sucesos Deportivos, con esa cortina musical que identificaba la marca del programa, y esa, su voz tan radial, tan sonora. Me pongo un poco colorado pero admito que, antes que muchas cosas, aprendí que ‘Sucesos’ iba todos los días a partir de las seis y media de la tarde por ‘la voz de la libertad’. Y no se porqué, recuerdo cuando abría el capítulo del ciclismo presentando a don Carlos Córdoba… Para chicos como nosotros, escuchar radio era escuchar a Brizuela, o a Enrique del Campo, en Resonancias Musicales, por Universidad. Eran como héroes invisibles, pues la radio tenía ese mágico poder de producir fantasía con la palabra dicha.

Pasó el tiempo y me veo entrando al negocio deportivo que el ‘Negro’ tenía en la Avenida Olmos. Camino hasta el fondo y le pregunto a la señora de la caja, que era su señora, si se encontraba el periodista Brizuela. Y el señor Brizuela apareció. Y yo, simulando soltura de cuerpo, le entrego un casete TDK, donde había grabado mi vos con algunas crónicas deportivas leídas del diario. Era la primera vez que tenía al autor del ‘eco rumoroso y entusiasta’ a mi frente. Víctor no era un tipo, diríamos, de lo más simpático. Se lo veía parco y tajante.

- Pibe, me dijo, mirándome de soslayo. Lo primero que hago cuando vienen muchachos como usted a decirme que quieren ser periodistas deportivos, es desalentarlos. Les digo que hay que comer mucha tierra antes y que aún así es difícil llegar.

Salí de Víctor Sport confundido. ¿Qué me quiso decir? (Ahora caigo: me quiso decir que ser periodista deportivo no era llegar de sopetón a la cancha de River o de Boca. Sino, ‘pataconear’ las canchas del ascenso, perderse con los colectivos, meterse a vestuarios húmedos y sin revoque, hablar con jugadores que no conoce nadie. Y la verdad que así empecé, cubriendo los partidos de la Primera C en el diario Los Principios, tomando muchos ómnibus y mucho frío en las cabinas de prensa donde a veces alguien se acercaba con un cafecito en termo y vaso de plástico para templar el espíritu. (Había que recorrer esa geografía primero para llegar a los mayúsculos escenarios de la pelota. Era cierto.

Una noche voy a la cancha de Belgrano y escucho a los Piratas corear el nombre de Brizuela y no diciéndole ‘querido negro’, precisamente. Al otro día, Brizuela responde: ‘Pirata, pirata, pirata corazón, Brizuela te despide hasta la próxima audición’. ¿Cuántas de esas tuvo ‘El negro’? ¡Millones! También lo recuerdo especialmente la vez que organizamos un seminario de periodismo deportivo al que bautizamos con el nombre de Osvaldo Ardizzone, una gran pluma de la revista El Gráfico, muerto pocos años antes. Lo organizamos con la gente del TAC (Taller Agencia para la Comunicación, una escuelita que dirigía el periodista Manolo Martín). Brizuela era un ardizzoneano pleno. ‘Lo que quieran’, dijo el Negro y ahí estuvo la noche inaugural en la sede del Club Talleres, leyendo Ardizzone, in memorian, un fresco sobre aquel periodista que él improvisó por la radio el día de su muerte. Una pieza de colección, a la hora de describir a un bohemio del periodismo porteño. Don Osvaldo Ardizzone, decía en una parte, ‘…autor, actor, e intérprete de su propia e increíble dramaturgia’. El público escuchó mudo y aplaudió rabioso. Tan contento estaba Brizuela con esa jornada, que dijo sonriendo: ‘Le metimos un gol de media cancha a los porteños, evocando a una figura de ellos’.

Y en una de esas charlas, Brizuela llegó solo. Me sorprendió, porque en esos días había una ‘bronca’ con la hinchada brava de Talleres y yo temía que los hinchas se llegaran por allí. Por eso imaginé que Brizuela llegaría acompañado.

- Eh pibe, ¿Que se piensa, que soy cagón…? Me respondió cortésmente, pero con el porte de Guemes, el barrio de su adolescencia y primera juventud.

En ese tiempo, cuando las noticias nos traían el derrumbe del muro de Berlín, se despachó con esta reflexión: ‘Si se unificaron las dos Alemanias, ¿Cómo no se van a unificar Argentino Peñarol y Huracán de La France? Brizuela era eso: de barro barrial mezclado con asfalto de mundo y museos de Europa. Después de un Belgrano 3 – Talleres 0, en 1991, clásico que marcaba el retorno celeste a la Primera División, la síntesis de Brizuela fue contundente: ‘Talleres jugó por los puntos y Belgrano por la madre’.

Y de repente, como lo diría don Atahualpa Yupanqui, el ‘Negro’ caminó por el túnel hacia el silencio. Justamente él, curtido de gritos de gol, de cánticos, del impacto de los botines en la pelota, de turbinas encendidas y de micrófonos en cualquier césped del mundo.

Ha muerto Víctor Brizuela. Y desde el ‘Pocito’ a Wembley, ha quedado el eco rumoroso y cabizbajo de la multitud.
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Mario dijo...

Como escuche al Turco Whebe, "dicen que murio". Vive en nuestro corazon junto a los mejores recuerdos.
24 octubre 2015 08:50


Marcelo Farías dijo...

FUE MI IDOLO DE CHICO...NO HABRÁ OTRO NEGRO BRIZUELA...EL FUE UNICO. ORGULLO CORDOBÉS¡¡¡ HASTA SIEMPRE VICTOR¡¡¡
15 diciembre 2014 01:59

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